Nota: Continuamos con la descripción de las
aplicaciones y usos pacificos de la energía atomica. Aplicaciones
de la tecnología nuclear
Salud humana
Las aplicaciones de técnicas nucleares asociadas con la salud
aparecieron rápidamente después del descubrimiento de los rayos x
en 1896. En la actualidad es casi imposible que un hospital moderno
no tenga un departamento de radiología y un departamento de
medicina nuclear o que no utilice métodos radioquímicos para
diagnosticar e investigar enfermedades.
Cada año se llevan a cabo más de 30 millones de procedimientos
médicos usando radioisótopos. Sólo en EE.UU. se ahorran 12 millones
de dólares por cirugías que no fueron practicadas al ser
sustituidas por procedimientos médicos con radioisótopos.
Podemos afirmar que uno de cada tres pacientes de un hospital
importante recibe los beneficios de la medicina nuclear, en la que
intervienen como actores principales los radiofármacos. Cuando se
quiere investigar en el cuerpo humano un proceso biológico o el
funcionamiento de un órgano es necesario elegir cuidadosamente el
compuesto químico radiactivo que se ha de administrar al paciente.
Estos compuestos, en su mayoría orgánicos, se llaman radiofármacos.
Actualmente, con fines de diagnóstico se usan más de 300
radiofármacos diferentes. Algunos se deben producir en el mismo
hospital pues su vida media es muy corta, pero la mayoría se
producen en centros nucleares o laboratorios nucleares
específicos.
En la llamada medicina nuclear in vivo el radiofármaco se
administra al paciente para investigar una función fisiológica o
bioquímica del organismo. Por ejemplo, un compuesto conteniendo
iodo radiactivo suministrado a un paciente permite investigar las
glándulas tiroides a través de un detector especial que obtiene la
imagen del órgano estudiado.
El diagnóstico por imágenes nucleares permite obtener información
única sobre el funcionamiento de diversos órganos como el corazón,
las tiroides, los riñones, el hígado y el cerebro, y también
permite diagnosticar un amplio rango de tumores. Para diagnosticar
trastornos cardíacos se inyecta cierto radiofármaco especifico en
el torrente sanguíneo del paciente aplicando luego un método
analítico conocido corno tomografía computada de emisión de fotón
simple. Una cámara rotatoria va midiendo e intervalos cortos la
radiactividad con la ayuda de una computadora, permitiendo
determinar que porción del corazón no tiene sangre.
Un nuevo método, llamado tomografía de emisión de positrones, tiene
la ventaja de detectar simultáneamente imágenes en lados opuestos
del paciente por lo que permite estudiar el metabolismo del músculo
cardíaco con mayor precisión, Los positrones son partículas beta
positiva emitidas por algunos radisótopos como el Fluor 18.
En la llamada medicina nuclear in vitro lo que se hace es detectar
y medir en un laboratorio ciertos componentes químicos de fluidos
extraídos del cuerpo humano, como la sangre, y sacar conclusiones
sobre enfermedades o deficiencias orgánicas. Cientos de millones de
radioinmunoanálisis se realizan al año. Este método es de 10 a 100
millones de veces más sensible que otros, lo que hace posible
detectar con total precisión hormonas, vitaminas, enzimas y muchas
drogas en los fluidos biológicos. Esta técnica se aplica para la
detección precoz de alteraciones neurológicas importantes, como es,
por ejemplo, el hipotiroidismo en niños aparentemente sanos.
Algunas hormonas que pueden ser medidas con la sangre del paciente
mediante el radioinmunoanálisis son: la de la función tiroidea, la
de la función paratiroidea (vinculada a la descalcificación de los
huesos), la de la reproducción, la de la función suprarenal, las
que intervienen en la vasoconstricción y las que son segregadas en
el páncreas. Otra aplicación muy importante del radioinmunoanálisis
es en el diagnóstico y seguimiento del cáncer por la medición de
las sustancias que son segregadas en la mayoría de los tumores. Los
expertos predicen que la utilización general de técnicas nucleares
en medicina habrá de triplicarse en un futuro próximo a fin de
hacer frente a todos los casos que prevén las proyecciones.
Pasemos a otro capítulo del tema salud. La radioterapia permite el
tratamiento de ciertas enfermedades, particularmente el cáncer, a
través de la aplicación de radiaciones ionizantes. Dentro de la
radioterapia, la teleterapia es el tratamiento en que la fuente de
las radiaciones no está en contacto directo con el objeto del
tratamiento. Las radiaciones utilizadas pueden ser de diferentes
tipos y energías y tener origen en diversas fuentes. Por ejemplo,
la cobaltoterapia es la forma de teleterapia que usa fuentes de
cobalto 60. Otra forma de teleterapia son los modernos aceleradores
que proporcionan haces de electrones, neutrones o iones pesados que
permiten combatir el cáncer.
La otra forma de radioterapia es la braquiterapia que utiliza
radisótopos en forma de alambre, semilla o cápsula que se implantan
directamente en el tumor, donde pueden permanecer en forma continua
hasta perder su actividad o ser extraídos después de un cierto
tiempo. Estos procedimientos pueden aplicarse cuando el tumor no ha
sobrepasado unos pocos centímetros lo que -afortunadamente- es el
caso de muchos pacientes. Un ejemplo es el tratamiento del cáncer
de útero y de próstata muy comunes en muchos países en
desarrollo.
En el ámbito de la salud también las técnicas de irradiación son
altamente eficaces y de bajo costo en la esterilización de
artículos de uso médico (vestimenta quirúrgica, suturas, catéteres
y jeringas, entre otros). Las implantaciones de injertos de tejidos
biológicos, como huesos, nervios y recubrimientos de corion amniota
para quemaduras también se esterilizan exitosamente con radiaciones
ionizantes.
Como se ha dicho, las radiaciones ionizantes pueden producir daños
importantes en los tejidos y en los órganos si no se toman las
previsiones para evitar que incidan en forma descontrolada en
nuestro organismo. Los departamentos de protección radiológica, que
deben existir en todas las instalaciones que manejan radiaciones
ionizantes, tienen la obligación de asegurar que técnicos,
profesionales, operarios, pacientes y público en general no reciban
más radiaciones ionizantes que las que sean imprescindibles y en un
todo de acuerdo con las normas respectivas.
Un tema especialmente importante es, entonces, la determinación
exacta de las dosis de radiaciones. En las aplicaciones
terapéuticas su importancia puede ser de vida o muerte, por lo que
es imprescindible que las dosis administradas se ajusten lo más
estrechamente posible a las dosis prescriptas y que éstas, a su
vez, sean las adecuadas a cada situación. De allí que la presencia
de físico-médicos junto a los radioterapeutas sea obligatoria en
los países avanzados.
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