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Capýtulo 7:

 La transición y la organización del crimen

A fines del siglo XIX, cuando llegó la primera oleada de emigrantes Italianos, éstos encontraron un floreciente mundo delincuencial, dominado preponderantemente por irlandeses y judíos en los Estados Unidos. Aunque cabe hacer mención que casi todos los grupos étnicos han formado parte de grupos delictivos, incluyendo a los miembros de antiguas familias norteamericanas.

Un grupo reducido de emigrantes italianos, principalmente procedentes de Nápoles, Calabría y Sicilia, trajo a los Estados Unidos una idea de unión familiar, una idea del clan, juntamente con el desprecio hacia la autoridad constituida y una gran capacidad de organización, todo lo cual les permitiría llegar a dominar el mundo de los negocios ilegales y las extorsiones en los Estados Unidos.

En la última década del siglo pasado, cuando un grupo de sicilianos consiguió el control del puerto de Nueva Orleans, en el que ningún buque de carga podía atracar o desatracar, sin pagar tributo a los sicilianos. Cuando el jefe de la policía obstaculizó las actividades de este grupo fue asesinado. Diecinueve miembros del grupo fueron detenidos y sometidos a juicio, contando el fiscal con suficientes pruebas en su contra, pero los temibles métodos utilizados por los delincuentes ya habían comenzado a funcionar en aquel entonces, pues contrataron a los mejores abogados criminalísticos del país, quienes corrompieron o coaccionaron en parte al jurado, logrando sentencia absolutoria para todos los acusados, salvo tres. En esta ocasión les resulto contraproducente, ya que una multitud en protesta por la resolución llevó a cabo el linchamiento de once de los acusados absueltos, lo cual provocó la protesta de las autoridades italianas y casi la ruptura de relaciones diplomáticas entre estas dos naciones.

El nombre de esta organización procede de una mano negra dibujada, que había al pie de las cartas mediante las cuales los delincuentes exigían dinero a sus víctimas, amenazándolas con la muerte o mutilación de sus hijos en el caso de que no pagaran.

Los atemorizados padres, que no olvidaban la temible mafia de Sicilia o a la camorra de Nápoles, entregaban con temor las cantidades solicitadas (siendo el antecedente de los secuestros actuales).

El negocio de las extorsiones ilegales no comenzó a ser verdaderamente un problema de importancia nacional, hasta la década de los años veinte.

La prohibición de las bebidas alcohólicas fue la causa desencadenante de dichos negocios.

Gracias a la prohibición, a las antiguas áreas comerciales del Hampa, como lo eran la prostitución y los juegos de azar, se unió el ilícito comercio de una mercancía deseada por millones y millones de norteamericanos y esta mercancía proporcionó a los extorsionistas unas riquezas y una respetabilidad con la que jamás habían soñado.

La mayor parte de la población norteamericana pasó a ser cómplice de este tipo de delincuentes. El Hampa dominada en ese tiempo por los judíos y los irlandeses, así en menor medida, por los polacos, se benefició gracias a las circunstancias favorables creadas por la prohibición. La fabricación y venta ilegal de alcohol, era industria que los italianos conocían a fondo. Durante largos años, con o sin prohibición, en las vecindades miserables habitadas por emigrantes italianos habían funcionado como destilerías caseras, con apoyo incluso de algunas autoridades, haciéndose de la vista gorda.

La organización que al paso del tiempo sería la COSA NOSTRA, estaba dividida en grupos, formados por el criterio del pueblo o la región siciliana o del sur de Italia, de la que procedían los diversos individuos. El mayor y más fuertemente unido era el Castellamarese, formado de individuos procedentes de la ciudad siciliana de Castellammare del golfo o sus alrededores, que se habían establecido en Norteamérica, llegando su influencia desde la costa oriental hasta Chicago. Pese a estar dispersos, los miembros de este grupo permanecían firmemente unidos bajo el mando de Salvatore Maranzano, el amo y señor de Nueva York.

La delincuencia organizada es el más importante negocio norteamericano, ya que la delincuencia organizada no paga impuestos, pero si corrupción de innumerables funcionarios públicos de todas las categorías, además de explotar lucrativos negocios ilícitos, se ha infiltrado poco a poco en actividades comerciales consideradas lícitas, además de tener el control de los sindicatos, en donde impone sus propias normas éticas.

En aquellos días, Nueva York era la ciudad ideal para la mafia, ya que estando en la administración el alcalde James J. Walker, se había convertido en ciudad abierta para la organización. Las acusaciones de corrupción en su contra lo llevaron a dimitir de su cargo, relevándolo de su cargo Fiorello H. Laguardia, quién luchó tenazmente para mantener el orden a la ciudad, por lo cual algunos elementos de la mafia se tuvieron que trasladar a la ciudad de Nueva Orleans, a invitación del gobernador de Luisiana de nombre Huey Long.

Cuando terminó la prosperidad surgida de la prohibición del alcohol, se produjo en la Cosa Nostra cierto desempleo, por lo cual fue preciso encontrar nuevos negocios y la prostitución fue el área escogida por Lucky Luciano para ello, por lo cual había más de doscientos burdeles independientes que obtenían pocas ganancias. Para Luciano consistió en organizar un cartel de buen nivel o dejar que otro lo hiciera antes que él.

Posteriormente Lucky Luciano fue detenido y sentenciado el día 17 de Julio de 1936, siendo condenado a una pena de prisión que oscilaba entre los treinta y los cincuenta años, por lo cual fue enviado al penal de Dannemora, la cual estaba considerada como de máxima seguridad, que se levanta cerca de la frontera con Canadá, más conocida con el nombre de “la Siberia“ por los delincuentes de los Estados Unidos.

Estuvo Luciano detenido en esta prisión hasta el año de 1942, año en el que empezó a desempeñar su nuevo papel durante la segunda guerra mundial. La armada de los estados unidos temía que agentes secretos enemigos se dedicaran a tareas de sabotaje y espionaje en los muelles de Nueva York. La armada comenzó a reclutar a individuos del mundo de la delincuencia organizada a fin de evitar lo que tanto temían y que mejor que reclutar al jefe de la mafia y capo mayor de la Cosa Nostra.

El primer beneficio material que Luciano obtuvo como premio a sus servicios, fue el traslado del penal de Dannemora a una prisión más confortable y accesible en el estado de Albany.

En 1945 los abogados de Luciano solicitaron su libertad condicional, amparados en los méritos hechos por su cliente en el curso de la segunda guerra mundial, la cual fue atendida y como Luciano en ningún momento había solicitado la nacionalidad gringa, se le otorgó la libertad y tan pronto estuvo libre, fue deportado a su país natal, Italia, con el pretexto de que así dejaría de ser un problema para el país. Cuando Luciano fue deportado, el acceso de su lugarteniente Vito Genovese parecía imposible, pues mientras Luciano se había sacrificado por los gringos en la guerra, Vito había permanecido nada menos que en Italia, donde llegó a ser figura muy querida del régimen fascista, ya que el mismo Mussolini le concedió la más alta condecoración civil.

Vito fue detenido en numerosas ocasiones bajo acusaciones de diversa índole que iban desde el homicidio hasta el robo en todas sus formas, sin embargo solo lo condenaron en dos ocasiones, las dos por tenencia ilícita de armas, principalmente pistolas. En 1950 Vito tuvo problemas con su esposa Anna Petillo, llegando a la separación conyugal o divorcio, provocando con esto que ésta declarara en su contra, manifestando todo lo que sabía sobre las actividades delincuenciales de Vito y su gente, así como el importe y el origen de sus ingresos.

Desaparecidos del escenario Luciano y Vito, Frank Costello se hizo cargo de la organización de la Cosa Nostra, logrando un control muy fuerte sobre los sindicatos y algunos funcionarios gubernamentales, a tal grado que Costello declaró en cierta ocasión con respecto a la rara habilidad que tenía para convencer a los personajes políticos de la conveniencia de prestarle ayuda lo siguiente: “Les conozco a todos muy bien y seguramente han depositado cierta confianza en mi“. (Maas Peter, 1973 p.153).

El ex alcalde William O’Dwyer explicaba la situación de la siguiente manera: “Poco importa que sea un banquero, un hombre de negocios o un gángsters, lo realmente importante es que su talonario de cheques siempre resulta atractivo“. (Maas Peter, 1973 p.153).

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