Capítulo 10:
Te había dejado algo para que reflexionaras. Las cuatro preguntas
tenían que ver con tu vida ya transcurrida, con tu infancia, tu
adolescencia, tu juventud. ¿Es tan importante para tu presente la
experiencia recogida durante tu niñez?
En la infancia, estamos indefensos para comprender por qué somos
muchas veces ignorados, ridiculizados y criticados. Y, mucho menos
entonces, podemos defendernos de esos ataques de los adultos que
nos rodean. Esas situaciones, de mayor o menor gravedad, nos marcan
profundamente.
Entre otras cosas, suelen producirnos carencias que luego nos
convierten en "chupadores" de energía ajena: nuestras urgencias son
más urgentes que las urgencias de los demás. Según el Dr. Eric
Berne, uno de los fundamentales en el llamado "análisis
transaccional", hay tres posiciones básicas posibles que podemos
tomar en relación con los otros: el yo Padre, el yo Niño y el yo
Adulto. Veamos un poco en qué consiste cada una de ellas.
El yo Padre copia conductas, actitudes y valores que vimos en
nuestros propios padres o en otros adultos. Intimidamos,
Interrogamos. Criticamos. Juzgamos. Sobreprotegemos.
Auxiliamos.
El yo Niño nos remite al estado de chicos pequeños, manipulando a
los demás desde una posición de debilidad. Nos mostramos
carenciados, pobrecitos, víctimas, asustados, impotentes,
culpables, irresponsables. Algunos llaman a esta posición la del
"¡Pobre de mí!" o la del "¡Si no fuera por ti!".
El yo Adulto permite el uso de nuestras propias capacidades para
reunir información y tomar decisiones, sin necesitar chupar energía
de los demás por la fuerza (como el yo Padre) o mendigándola (como
el yo Niño). Aceptamos los riesgos que conlleva esa independencia
de criterio y nunca culpamos a otros por un fracaso nuestro ni
sentimos que un éxito se debió a la obligada participación de
otros. Consultamos, sí, para mejorar nuestra información, pero no
nos sentimos obligados a seguir consejos "al pie de la letra". No
hace falta que te diga que ésta es la mejor posición, la que usa
nuestra inteligencia, nuestros sentimientos, nuestra intuición para
tomar nuestras decisiones.
Ni robar energía ni que nos roben energía. En el equilibrio exacto
entre dar y recibir está la solución. Ni "lo sé todo" ni "no sé
nada". Sé lo que sé, puedo aprender lo que no sé. Tengo mi verdad,
ni más ni menos valiosa que la verdad que tiene cualquier otro.
Tengo mi conexión personal con la fuerte de Verdad y de Energía, no
me siento ni débil ni inseguro, no manipulo a los demás, no
necesito dominar su atención forzadamente. Nadie me debe tener
porque no voy a quitarle energía. No lucho por el poder porque soy
suficientemente fuerte. No debo estar a la defensiva porque no
permito que alguien, desde su yo Padre, pueda imponérseme, ni desde
su yo Niño, buscando que me conduela con él, pueda quitarme esas
fuerzas.
Doy cuando quiero dar. Pido cuando estimo que necesito. Y siempre a
otro que se encuentre posicionado, como yo, en su yo Adulto.
Compartiendo, no robando ni siendo robado.
Ahora bien. Tú te estarás preguntando: "¿Cómo hago para cambiar si
nunca actué en ese estado de yo Adulto?".
Nada cambiará mágicamente. Lleva su tiempo. Si tú te relacionaste
desde los otros estados y obtuviste algunos éxitos pasajeros, quizá
creas que sin la energía ajena no puedes lograr nada. O que, al
menos, es más fácil mendigar o quitar que autosustentarse.
Al principio, quizá lo sea, pero con la práctica, la persistencia,
la evolución, el crecimiento personal, tus propias capacidades te
llevarán mucho más lejos. Se irán presentando situaciones
interpersonales que ahora observarás con más cuidado, y evitarás
los conflictos con cada vez mayor éxito. La satisfacción que
obtendrás premiará tu esfuerzo, y te irá "curando" de esa tendencia
enfermiza a exigir algunas veces, y a rogar otras.
Ya no te encerrarás detrás de murallas para enfrentar al otro en
una lucha para demostrar quién tiene el poder. Aprenderás a ponerte
en la posición del otro, comprenderlo, y, sin juzgarlo, aceptarlo o
evitarlo. No estarás rehuyendo ningún combate, porque no hay nada
por qué combatir.
Comprenderás que nada es blanco ni negro, que todo es una variedad
de grises, que siempre hay otra opción mejor. No te sentirás
carenciado, ni proyectarás tus éxitos o fracasos en otros. No
buscarás excusas que oculten tus propios defectos aún no superados.
Encontrarás soluciones para casi todos tus problemas, procurando la
energía en el mejor lugar.
Y ya no tendrás miedo.
Es cuestión de ir probando, ¿no?
Hasta nuestro próximo encuentro. Sencillo de lograr, porque tras
cada paso te percibo más cercano. ¿Y tú?
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